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Mitos y Leyendas
MITOLOGÍA GRECO-LATINA
Dioses olímpicos: Atenea/Minerva - 2ª parte
Naturaleza y hechos de Atenea (continuación)
a Madre Tierra asqueada ante la idea de procrear un hijo de Hefesto,
se negó a aceptar ninguna responsabilidad en su crianza, aceptando entonces
Atenea encargarse ella misma. Y así, Atenea se hizo cargo de la criatura nada
más nacer, llamándolo Erictonio. Como no deseaba que Poseidón tuviese
conocimiento el éxito que había tenido su maliciosa chanza, ocultó el bebé en un
cesto sagrado que entregó a Agaluro, la hija mayor del rey ateniense Cécrope,
con la orden de guardarlo cuidadosamente.
Detalle de una vasija de figuras rojas, datada en el 470-460 a.C,
donde se muestra como Atenea recibe a Erictonio de las manos de Gea, la Madre
Tierra.
Fue Cécrope el primer rey que reconoció la paternidad; era hijo de la Madre Tierra, con forma híbrida, en parte hombre y en parte serpiente, al igual que Erictonio (algunos dicen que Erictonio era su padre); se casó con una hija de Acteo, el primer rey del Ática. Instituyó la monogamia, dividió el país de Ática en doce comunidades, construyó templos dedicados a Atenea y abolió ciertos sacrificios de sangre en favor de modestas ofrendas de tortas de cebada.
Cécrope tenía una forma híbrida, en parte hombre y en parte serpiente
Atenea, aunque tan modesta como Artemis, es mucho más generosa. Cuando Tiresias la sorprendió un día accidentalmente en el baño, le puso sus manos sobre los ojos y le cegó, pero la compensó dándole una visión interna.
No consta que a Atenea le irritasen los celos salvo en una ocasión que relata una fábula: Aracne, princesa de Colofón en Lidia y famosa por su tinte purpúreo, era tan hábil en el arte del tejido que ni siquiera Atenea podía competir con ella. Cuando le mostraron un paño en el que Aracne había tejido ilustraciones de tos amoríos olímpicos, la diosa lo examinó atentamente para encontrarle algún defecto, pero como no pudo hallarlo desgarró el paño con una ira fría y vengativa. Cuando Aracne, aterrorizada, se colgó de una viga, Atenea la transformó en una araña —el insecto que más odiaba— y la cuerda en una telaraña, por la que Aracne trepó para ponerse a salvo.
Fuentes: Robert Graves, Los Mitos Griegos; Isaac Asimov, Las palabras y los mitos; René Ménard, Mitología Greco-latina.